¿Profecías fallidas de la Biblia?
Respuestas a diversas acusaciones:
"Isaías 19 y Ezequiel 30:12 profetiza que el Nilo se secaría, que Egipto sería destruido, y sería un lugar inhabitable. El Nilo jamás se ha secado y Egipto es uno de los países más antiguos del planeta"
Respuesta: Ciertamente este argumento esta fuera de contexto, ¿Por qué?, porque es una profecía simbólica. Lo sabemos por el contexto, en Ezequiel 29:3 dice:
Dirás estas palabras: ‘Esto es lo que dice el Señor Soberano Jehová:
“Aquí estoy contra ti, faraón, rey de Egipto,
el gran monstruo marino que está tendido entre los canales de su Nilo,
el que ha dicho: ‘Mi río Nilo me pertenece. Lo hice para mí"
Así que qui se ve claramente el simbolismo. Se aprecia que la profecía es una sentencia en contra de Egipto, no del Nilo. ¿Y ha caído Egipto? Veamos:
Conquista de Babilonia:
Se ha encontrado una tablilla cuneiforme en la que se hace alusión a una campaña contra Egipto en el año treinta y siete del reinado de Nabucodonosor (588 a. E.C.). Esta puede ser la ocasión en la que el poderoso Egipto fue sometido al control de Babilonia, tal como se había predicho mediante el profeta Ezequiel probablemente en el año 591 a. E.C. (Eze 29:17-19.)
A pesar de las enérgicas advertencias de Jeremías (Jer 42:7-22), el resto de la población de Judá huyó a Egipto en busca de protección, y se unió a los judíos que ya estaban en ese país. (Jer 24:1, 8-10.) Los lugares donde residieron fueron: Tahpanhés, al parecer una ciudad fortificada de la región del delta (Jer 43:7-9), Migdol y Nof, otro posible nombre de Menfis, la capital primitiva del Bajo Egipto. (Jer 44:1; Eze 30:13.) Así pues, estos refugiados entonces hablaban el “lenguaje de Canaán” (seguramente el hebreo) en Egipto. (Isa 19:18.) De manera insensata, reanudaron en ese país las mismas prácticas idolátricas que habían ocasionado el juicio de Jehová sobre Judá. (Jer 44:2-25.) No obstante, el cumplimiento de las profecías de Jehová alcanzó a los refugiados israelitas cuando Nabucodonosor marchó contra Egipto y conquistó el país. (Jer 43:8-13; 46:13-26.)
Solo se ha hallado un texto babilonio, fechado en el año trigésimo séptimo de Nabucodonosor (588 a. E.C.), que mencione una campaña contra Egipto, aunque no se puede asegurar si se refiere a la conquista original o a una mera acción militar posterior. De todas formas, Nabucodonosor recibió la riqueza de Egipto como pago por el servicio militar que había prestado en la ejecución del juicio de Jehová contra Tiro, un opositor del pueblo de Dios. (Eze 29:18-20; 30:10-12.)
En Ezequiel 29:1-16 se predice que la desolación de Egipto duraría cuarenta años, lo que quizás haya sucedido después que Nabucodonosor conquistó este país. Los comentaristas que dicen que el reinado de Amasis II (Amosis II), sucesor de Hofrá, fue muy próspero durante más de cuarenta años, se basan sobre todo en el testimonio de Heródoto, quien visitó Egipto más de cien años después. No obstante, The Encyclopædia Britannica (1959, vol. 8, pág. 62) dice acerca de la historia de Heródoto sobre este período (el “período saíta”): “Sus declaraciones demuestran no ser del todo confiables cuando se examinan a la luz de las escasas pruebas autóctonas”. La obra Commentary, de F. C. Cook, hace notar que Heródoto ni siquiera menciona el ataque de Nabucodonosor contra Egipto, y después dice: “Es notorio que aunque Heródoto registró fielmente todo lo que oyó y vio en Egipto, dependía de los sacerdotes egipcios para su información acerca de la historia del pasado, cuyos relatos adoptó con credulidad ciega [...]. Todo el relato [de Heródoto] sobre Apries [Hofrá] y Amasis está tan lleno de incoherencias y leyendas que podemos rehusar aceptarlo como historia auténtica. No extraña en absoluto que los sacerdotes tratasen de disimular la deshonra nacional del sometimiento a un yugo extranjero” (nota B., pág. 132). Por lo tanto, aunque la historia seglar no aporta pruebas claras del cumplimiento de la profecía, podemos confiar en la exactitud del registro bíblico, por todas las profecías que si se han cumplido. (Se hará una entrada posterior de esto.)
Isaías 19:18 profetiza que algunas ciudades de Egipto hablarían el idioma de Canaán, esto jamás sucedió y jamás sucederá, porque ese idioma ya no existe"
Respuesta: Esta profecía escrita alrededor de 732 a. de la E.C. se refería a lo que tendría lugar después de la destrucción de Jerusalén en 607 a. de la E.C. (Si gusta saber acrca del la fecha del 607 vea la siguiente entrada: ¿607 0 587?) Los babilonios bajo Nabucodonosor dejaron un resto de judíos pobres en el país. Algunos rebeldes derribaron al gobernador Gedalías, y la gente huyó a Egipto, contrario al consejo de Jeremías. (Jer. 41:1-3; 42:9-43:7) El registro menciona específicamente tres ciudades donde se establecieron: Migdol, Tafnes y Nof. (Jer. 44:1) Y posiblemente los que huyeron a Egipto en busca de asilo en esta ocasión se unieron a judíos que ya estaban en aquel país.—Jer. 24:1, 8-10.
El lenguaje al que nos referimos ahora como hebreo antiguo no se indicaba por esa designación en las Escrituras Hebreas. En ocasiones se llamaba “el lenguaje de los judíos” o “judío.” (2 Rey. 18:26; Neh. 13:24) Pertenece al grupo de los lenguajes semíticos, y el lenguaje que se usaba en la tierra de Canaán en el tiempo de Abrahán parece haber estado relacionado con el hebreo. Una vez que los israelitas se apoderaron de la Tierra Prometida o la tierra de Canaán, su lenguaje pudo llamarse “el lenguaje de Canaán” en dos sentidos. Era semejante a la lengua de los habitantes cananeos que habían sido muertos, y era el lenguaje del pueblo que ahora regía el territorio de Canaán.
Así pues, el comentario de Isaías 19:18 acerca de que algunas ciudades de Egipto ‘hablarían el lenguaje de Canaán’ se refiere al lenguaje hebreo que hablaban los judíos que habían huido a las ciudades egipcias.
"Ezequiel 28:20-26 nos habla de una profecía sobre la vida después del exilio a Babilonia, los judíos vivirían en paz con sus vecinos y eso no paso"
Respuesta: Comparemos esta profecía con Josué 23:12, 13:
12 ”Pero, si ustedes se desvían y se unen a lo que queda de estas naciones que siguen entre ustedes y forman alianzas matrimoniales con ellas y se relacionan con ellas y ellas con ustedes, 13 pueden estar seguros de que Jehová su Dios ya no expulsará a estas naciones por ustedes. Ellas se convertirán en una trampa, un lazo, un azote en sus costados y en espinas en sus ojos hasta que ustedes hayan desaparecido de esta buena tierra que Jehová su Dios les ha dado"
En la profecía de Josué se da una condición, si están con Jehová, el los cuidara, y si se vuelven rebeldes, no lo hará. Y Israel aunque tuvo algunas buenas "rachas", se volvió apostata repetidas veces, y cuando mataron a Jesús, ellos dejaron de ser el pueblo escogido de Dios (Gal. 6:16)
"2 Samuel 7:8-16 nos dice que la casa de David reinaría para siempre, por supuesto esta profecía no se cumplió, el reinado de la casa de David terminó con la muerte del último rey de Judá"
Respuesta: El pacto con David se hizo en algún momento de su reinado en Jerusalén (1070-1038 a. E.C.). Las dos partes del pacto fueron Jehová y David, como representante de su familia. (2Sa 7:11-16.) Los términos eran que un hijo de la línea de David poseería el trono para siempre y que este hijo edificaría una casa para el nombre de Jehová. El propósito de Dios con este pacto era dotar a los judíos de una dinastía real y darle a Jesús, como heredero de David, el derecho legal al trono de este, “el trono de Jehová” (1Cr 29:23; Lu 1:32), así como identificar a Jesús como el Mesías. (Eze 21:25-27; Mt 1:6-16; Lu 3:23-31.) Y Jesús esta reinando en la actualidad, su reino jamás pasara (Daniel 7:13, 14.)
"Jeremías 33:17 dice específicamente que el trono de Israel siempre tendría sucesor, cosa que no pasó"
Respuesta: Vea la respuesta de arriba.
"La profecía sobre el "Mesías" davídico señalada en Miqueas 5, que se usa para demostrar que Jesús es el mesías, nos dice que el mesías destruiría a Asiria, ¿Jesús destruyó a Asiria? Ese texto no habla de Jesús De hecho, se nos dice que Belén Efrata sería de donde el mesías nacería, pero en el idioma hebreo, las ciudades tenían adjetivos femeninos siempre, y aquí se usa el adjetivo masculino, de modo que se nos habla de un grupos de personas, de un clan llamado Belén Efrata, no de una ciudad"
Respuesta: Es probable que se haya identificado a Belén Efrata como tal porque había dos pueblos llamados Belén. Miqueas identifica al de Judá, que está situado precisamente al sur de Jerusalén. El otro pueblo estaba en el norte lejano, en Zabulón. (Josué 19:10, 15.) “Efrata”, o “Efrat”, era un nombre anterior para la Belén de Judá o la zona que la rodeaba. (Génesis 48:7; Rut 4:11.) Esa identificación detallada subraya la exactitud de las promesas proféticas de Dios respecto al Mesías.
"Mateo saco de contexto Oseas 11:1, ya que ahí se habla de Israel, no del Mesías"
Respuesta: Las profecías bíblicas por lo general tienen 2 o más cumplimientos. Por ejemplo, veamos Isaías 33:24:
"Y ningún residente dirá: "Estoy enfermo". Las personas que vivan en esta tierra serán perdonadas por su pecado"
Esta profecía habla principalmente sobre el regreso del exilio en el 537 a.e.C., todos tendrán "Salud espiritual perfecta", pero tiene un segundo cumplimiento. La gente que viva en "los nuevos cielo y la nueva tierra" de los que hablo el mismo después, tendrá "salud perfecta", tanto física como espiritual. Con Oseas 11:1 pasa lo mismo. Cristo es el Hijo de Dios, como Israel, así que Oseas proclamo una profecía, porque a Israel ya se le había "llamado de Egipto", pero a su Primogénito no.
"Isaías 52 nos habla de otra "profecía" del mesías, pero si lees el contexto, todos esos capítulos de Isaías son canciones que hablan de Israel, no de un mesías futuro"
Respuesta: Vea la respuesta de arriba.
"Los evangelios de Marcos, Lucas y Juan dicen que Jesús entro a Jerusalén sobre un asno, pero Mateo 21 habla de 2 animales, pero Zacarias 9:9 no esta haciendo un paralelismo, sino que habla de 2 animales, contradiciendo a Marcos, Lucas y Juan"
Respuesta: El relato de Mateo es el único que menciona tanto a la burra como al burrito (Marcos 11:2-7; Lucas 19:30-35; Juan 12:14, 15). Parece que Marcos, Lucas y Juan solo hablaron de este animal porque Jesús solamente montó en el burrito. Pero ciertamente no hay ningún conflicto.
"Si tomas en cuenta la genealogía que viene en Mateo, Jesús es descendiente de Jeconías, pero Jeremías 22:30 profetiza erróneamente que ningún rey hijo de Jeconías se sentaría en el trono de Judá"
Respuesta: Joaquín engendró siete hijos mientras estuvo en Babilonia. (1 Crónicas 3:16-18.) De esta manera se preservó el linaje real que llevaba al Mesías (Mateo 1:11, 12); pero tal como había señalado la profecía, ninguno de los descendientes de Joaquín gobernó jamás desde la Jerusalén terrestre. Por lo tanto, fue como si Joaquín no hubiese tenido hijos que le sucediesen como rey. (Jeremías 22:28-30.)
"La genealogía de Jesús y su nacimiento milagroso se desarrollo a lo largo del primer siglo. El evangelio mas antiguo es el de Marcos, y esos no tiene nada de eso, de hecho, termina de una forma abrupta y tiene una "conclusión larga" y una "corta""
Respuesta: De hecho no. Algunas notas que aparecen al final del evangelio de Mateo en numerosos manuscritos (todos posteriores al siglo X E.C.) dicen que el relato se escribió alrededor del año octavo después de la ascensión de Cristo (c. 41 E.C.), lo que concuerda con su contenido. La expresión “hasta el día de hoy” (27:8; 28:15) denota un lapso de tiempo entre los acontecimientos considerados y el tiempo de su escritura.
Marcos se escribió posteriormente. Según la tradición antigua (Clemente, Eusebio, Jerónimo), el evangelio de Marcos se dio a conocer por primera vez en Roma. Marcos estaba en Roma cuando Pablo se hallaba preso en aquella ciudad por primera vez. (Col 4:10; Flm 1, 23, 24.) Más tarde estuvo con Pedro en Babilonia. (1Pe 5:13.) Luego, mientras Pablo se encontraba preso en Roma por segunda vez, pidió que Timoteo fuese pronto y llevase a Marcos. (2Ti 4:11.) Su presencia en Roma —al menos una vez y probablemente dos— durante los años 60-65 E.C., permite suponer que Marcos terminó su evangelio en esa ciudad durante aquellos años. Hare una entrada posterior para probarla fiabilidad histórica del NT, en especial los Evangelios.
"Mateo 2:16-18 nos dice que Raquel lloraría por sus hijos, citando de Jeremías 31:15, pero no existen pruebas de que este acontecimiento haya sucedido, es más, Jeremías habla del pueblo de Israel, no del mesías"
Respuesta: Aquí Raquel representa a todas las madres de Israel. En la profecía de Jeremías, Raquel —que fue enterrada cerca de Belén— llora simbólicamente por sus hijos exiliados a la tierra del enemigo. Pero esa profecía también contiene una consoladora promesa: el regreso de los exiliados desde la tierra del enemigo (Jer 31:15, 16). Por inspiración, Mateo aplicó la profecía de Jeremías a la muerte de los niños. Así que, en este caso, el regreso de la muerte (que es un enemigo del hombre) sería por medio de la resurrección. El relato bíblico de la matanza de todos los niños varones de dos años de edad para abajo en Belén y sus distritos está en armonía con los otros registros históricos que hablan acerca de la iniquidad de Herodes. Este suceso ocurrió poco tiempo antes de su muerte, pues los padres de Jesús se lo llevaron a Egipto para protegerlo, y poco después regresaron y se establecieron en Galilea cuando Herodes ya había muerto. Jehová profetizó estos dos acontecimientos por boca de sus profetas Jeremías y Oseas. (Mt 2:1-23; Jer 31:15; Os 11:1.)
"Isaías 7:14 dice que el Mesías nacería de una doncella, pero Mateo 1:23 dice que de una virgen, que no es lo mismo"
Respuesta: Aunque la palabra hebrea para “virgen” es bethu·láh, en Isaías 7:14 aparece otro término (ʽal·máh): “¡Miren! La doncella [ha·ʽal·máh] misma realmente quedará encinta, y va a dar a luz un hijo, y ciertamente le pondrá por nombre Emmanuel”. La palabra ʽal·máh significa “doncella”, y puede aplicar a una virgen o a una muchacha que no lo es. Se aplica a “la doncella” Rebeca antes de casarse cuando también se la llamó “virgen” (bethu·láh). (Génesis 24:16, 43.) Bajo inspiración divina, Mateo utilizó la palabra griega par·thé·nos (virgen) al mostrar que Isaías 7:14 tuvo su cumplimiento final en el nacimiento virginal de Jesús, el Mesías. Tanto Mateo como Lucas muestran claramente que la madre de Jesús, María, era una virgen que quedó encinta por obra del espíritu santo de Dios. (Mt 1:18-25)
"Mateo 27:9 y 10 nos habla de una profecía de Jeremías que no viene en ninguna parte del viejo testamento"
Respuesta: Las palabras que aparecen a continuación parecen ser una cita de Zac 11:12, 13 parafraseada por Mateo. Bajo inspiración divina, Mateo las aplicó a las circunstancias que las cumplían. En tiempos de Mateo, el libro de Jeremías era el primero del grupo de los libros proféticos. Por eso es posible que con su nombre se refirieran a todo el grupo de libros, incluido el de Zacarías.
"Mateo 2:23, nos habla de la profecía de que el Mesías sería llamado Nazareno, esto tampoco viene en ninguna parte del viejo testamento"
Respuesta: Parece ser que aquí se hace referencia al libro escrito por el profeta Isaías, donde se alude al Mesías prometido como “un brote” (en hebreo, nétser) de las raíces de Jesé (Is 11:1). Mateo habla de “profetas”, en plural, así que tal vez también esté refiriéndose a Jeremías y a Zacarías. Jeremías escribe sobre “un brote justo”, un retoño de David (Jer 23:5; 33:15). Por su parte, Zacarías menciona a un rey que sería también sacerdote y dice “que se llama Brote” (Zac 3:8; 6:12, 13). El término nazareno se convirtió en un calificativo que se usó para referirse a Jesús y, con el tiempo, a sus discípulos. Nazaret probablemente signifique ‘ciudad del brote’.
"Isaías, el capítulo 13:17-22 nos dice que Babilonia sería destruida por los medos para siempre, que no sería habitada, pero esto no ocurrió"
Respuesta: Desglosemos esta profecía:
13:17-19: Derrotan a Babilonia junto con los persas. En el siglo VIII a. E.C., el profeta Isaías predijo que Jehová levantaría contra Babilonia a “los medos, que consideran la plata misma como nada, y que, respecto al oro, no se deleitan en él. Y sus arcos harán añicos hasta a los jóvenes”. (Isa 13:17-19; 21:2.) Aquí el término “medos” puede muy bien incluir a los persas, uso semejante al que por lo general le daban los historiadores clásicos griegos para englobar en él tanto a los medos como a los persas. El que desdeñaran la plata y el oro probablemente indica que en el caso de Babilonia su motivo principal era la conquista más bien que el despojo, de manera que ningún soborno u oferta de tributo les compraría para que abandonasen su propósito. El arco era el arma principal tanto de los medos como de los persas. Los arcos solían ser de madera, aunque a veces eran de bronce o cobre. (Compárese con Sl 18:34.) Probablemente con arcos como estos se ‘hizo añicos a los jóvenes de Babilonia’ con una lluvia de flechas pulidas para penetrar profundamente. (Jer 51:11.)
13:20-22: En un dramático giro de los acontecimientos, la poderosa potencia mundial de Babilonia cayó ante un ejército combinado de medos y persas en el año 539. Nunca jamás volvió la ciudad a ser lo que era. A partir de entonces comenzó su decadencia y terminó siendo un lugar desolado, “sin habitante alguno” (Jeremías 51:37).
La desaparición de Babilonia fue tan absoluta que según el erudito Tom Boiy “los historiadores y viajeros occidentales de los siglos XVI a XVIII”, conocían el valor simbólico de la ciudad pero no podían señalar “su ubicación exacta”. En 1919, H. R. Hall, conservador de antigüedades egipcias y asirias del Museo Británico, describió Babilonia como “un montón de escombros [...] cubiertos de arena”. Esta profecía se cumplió de manera magistral.
"Ezequiel 26 nos dice que Babilonia destruiría a la ciudad de Tiro, cosa que nunca pasó, y de hecho esa ciudad permanece hasta el día de hoy"
Respuesta: De nuevo, esto no es cierto, esta profecía se cumplió tambien.
Cumplimiento: 332 a.E.C.: Alejandro Magno construyó un terraplén, o dique, para unir la zona continental, que ya había destruido, y la parte insular de Tiro (a 800 m de la costa), de modo que sus soldados pudieran cruzar por él y atacar la ciudad insular. La enciclopedia Gran Larousse Universal explica: “Las ruinas esparcidas sobre el continente sirvieron para construir una poderosa calzada que llevaba a la isla [...] (enero-agosto de 332)”. Tras un asedio relativamente breve, Alejandro destruyó la ciudad insular, y la profecía de Ezequiel se cumplió al detalle. Hasta ‘las piedras y el maderaje y el polvo’ de la Tiro antigua (la ciudad continental) fueron ‘colocados en el medio mismo del agua’.
"En Éxodo 23:31 Dios promete que los israelitas vivirían desde el mediterráneo hasta el río Éufrates, cosa que jamás sucedió"
Respuesta: Vea la respuesta de la acusación "Ezequiel 28:20-26 nos habla de una profecía sobre la vida después del exilio a Babilonia, los judíos vivirían en paz con sus vecinos y eso no paso"
"En Josué 3:10, Dios promete eliminar a los cananeos completamente, cosa que no sucedió"
Respuesta: Con sabiduría, Josué “no quitó una palabra de todo lo que Jehová había mandado a Moisés” en cuanto a la destrucción de los cananeos. (Jos 11:15.) Sin embargo, la nación israelita no siguió su buena dirección y no eliminó por completo lo que contaminaba la tierra. Se toleró la presencia de los cananeos, presencia que afectó a Israel y que con el tiempo sin duda provocó más muertes (sin mencionar la violencia, inmoralidad e idolatría) que las que se hubieran producido si el decreto de exterminio de todos los cananeos se hubiera efectuado con fidelidad. (Nú 33:55, 56; Jue 2:1-3, 11-23; Sl 106:34-43.) Jehová había advertido a los israelitas que Su justicia y Sus juicios no serían parciales, de modo que si se relacionaban con los cananeos, se casaban con ellos, aceptaban su religión y adoptaban costumbres religiosas y prácticas degeneradas, no podrían evitar recibir la misma sentencia de aniquilación y también serían ‘vomitados de la tierra’. (Éx 23:32, 33; 34:12-17; Le 18:26-30; Dt 7:2-5, 25, 26.)
Jueces 3:1, 2 dice que Jehová permitió que algunas de las naciones cananeas permaneciesen “para probar a Israel mediante ellas, es decir, a cuantos no habían tenido la experiencia de pasar por ninguna de las guerras de Canaán; fue solamente para que las generaciones de los hijos de Israel tuvieran la experiencia, para enseñarles la guerra, es decir, solo a aquellos que antes de eso no habían experimentado tales cosas”. Esta declaración no está en contradicción con los versículos anteriores (Jue 2:20-22), que dicen que Jehová permitió que estas naciones se quedaran debido a la infidelidad de los israelitas y para ‘probar a Israel mediante ellas, para ver si serían personas que guardaran el camino de Jehová’. Por el contrario, muestra que debido a la permanencia de algunas naciones cananeas, las generaciones posteriores de israelitas tendrían la oportunidad de demostrar obediencia a los mandamientos de Dios con respecto a los cananeos, poniendo a prueba su fe hasta el punto de arriesgar la vida guerreando contra ellos.
"Daniel nos habla de un tal Darío el medo, que gobernó a los caldeos, pero la historia muestra que este personaje nunca existió"
Respuesta: Todavía no se ha hallado ninguna referencia a “Darío el medo” en las inscripciones extrabíblicas ni le mencionan los historiadores antiguos anteriores a Josefo (historiador judío del siglo I E.C.). Este hecho ha dado pábulo a la especulación crítica para considerar a Darío el medo como un personaje ficticio.
Hay doctos que dicen que poco después de la conquista de Babilonia, Ciro nombró “rey de Babilonia” a su hijo Cambises (II). Aunque este representaba a Ciro anualmente en la festividad del “Año Nuevo” que se celebraba en Babilonia, al parecer residía en Sippar el resto del tiempo. Una investigación basada en un estudio de textos cuneiformes ha revelado que Cambises no asumió el título de “rey de Babilonia” hasta el 1 de Nisán del año 530 a. E.C., cuando fue hecho corregente de Ciro, quien estaba a la sazón ocupado en la campaña militar que resultaría en su muerte. Se ha intentado identificar a Darío con Cambises II, pero su edad cuando cayó Babilonia —“unos sesenta y dos años”— no cuadra con la de Cambises. (Da 5:31.)
La idea de que Darío haya sido otro nombre dado al propio Ciro no concuerda con la procedencia de Darío, quien era “medo” y “de la descendencia de los medos”, expresión esta última que se emplea con relación a su padre Asuero, de la misma ascendencia. A Ciro se le llama, específicamente, “persa”, y aunque su madre pudo haber sido meda —como afirman algunos historiadores—, de acuerdo con el Cilindro de Ciro, su padre fue el persa Cambises I. (Da 9:1; 6:28.)
Otros identifican a Darío con un presunto “tío” de Ciro del que habla el historiador griego Jenofonte y a quien da el nombre de “Ciaxares, hijo de Astiages”. Jenofonte cuenta que Ciaxares sucedió en el trono al rey medo Astiages, pero que luego Ciaxares le dio a su sobrino Ciro tanto su hija como todo el reino de Media. (Ciropedia, I, V, 2; VIII, V, 19.) Sin embargo, Heródoto y Ctesias (historiadores griegos más o menos contemporáneos de Jenofonte) no concuerdan con la explicación de Jenofonte; Heródoto, en particular, afirma que Astiages carecía de descendencia masculina. Por otra parte, en la Crónica de Nabonido se muestra a Ciro alzándose con el reino de los medos gracias a capturar a Astiages. Además, suponer que Darío fue Ciaxares II llevaría a la suposición de que a Astiages también se le debió conocer por el nombre de Asuero, pues Darío el medo fue “el hijo de Asuero”. (Da 9:1.) Ha de concluirse, pues, que este punto de vista carece de confirmación.
Entonces, ¿quién fue Darío el medo?
En fechas más recientes, un buen número de obras de consulta se han inclinado a identificar a Darío con Gubaru (a quien, por lo general, se relaciona con el Gobrias mencionado en la Ciropedia de Jenofonte), quien fue gobernador de Babilonia después de la conquista medopersa. Estas son las pruebas que básicamente aducen:
Al referir la caída de Babilonia, el antiguo texto cuneiforme conocido como la Crónica de Nabonido dice que Ugbaru, “gobernador de Gutium, y el ejército de Ciro entraron en Babilonia sin combate”. Luego, después de mencionar que Ciro entró en la ciudad diecisiete días más tarde, la inscripción dice que Gubaru, “su gobernador, dispuso (sub)gobernadores en Babilonia”. (La Sabiduría del Antiguo Oriente, edición de J. Pritchard, 1966, pág. 241; compárese con Darius the Mede, de J. C. Whitcomb, 1959, pág. 17.) Obsérvese la diferencia entre los nombres Ugbaru y Gubaru. Aunque parecidos, en la escritura cuneiforme el signo de la primera sílaba del nombre Ugbaru es muy distinto del de Gubaru. La misma inscripción menciona que Ugbaru, el gobernador de Gutium, murió algunas semanas después de la conquista. En cambio, gracias a otros textos cuneiformes se sabe que Gubaru siguió con vida y fue gobernador durante catorce años, no solo de la ciudad de Babilonia, sino de toda la región, así como de la “región más allá del río”, lo que incluía Siria, Fenicia y Palestina, hasta la frontera con Egipto. Por consiguiente, Gubaru gobernó sobre una vasta región que ocupaba toda la extensión de la Media Luna Fértil, prácticamente el mismo territorio que comprendía el Imperio babilonio. Se ha de recordar que de Darío el medo se dice que fue “hecho rey sobre el reino de los caldeos” (Da 5:31; 9:1), pero no “rey de Persia”, pues esta última designación se empleó para aludir al rey Ciro. (Da 10:1; Esd 1:1, 2; 3:7; 4:3.) En conclusión, parece que la región gobernada por Gubaru fue la misma que gobernó Darío.
Como quiera que a Gubaru no se le llama “Darío” en ninguna fuente, se ha apuntado que este nombre debió ser el título o nombre real que recibió. A este respecto, W. F. Albright dice: “Me parece muy probable que fuese Gobrias [Gubaru] el que, estando Ciro ausente en una campaña militar en el oriente, asumiese la dignidad real con el nombre de ‘Darío’, tal vez un antiguo título real iraní”. (Journal of Biblical Literature, 1921, vol. 40, pág. 112, nota 19.) Los expertos que favorecen la identificación de Gubaru con el rey Darío salen al paso de la objeción de que las tablillas cuneiformes en ningún lugar dicen que Gubaru fuese “rey”, indicando que en las tablillas cuneiformes tampoco se dice que Belsasar fuese rey y, sin embargo, el documento cuneiforme conocido como “Relato versificado sobre Nabonido” dice de forma manifiesta que Nabonido “confió su reinado” a su hijo.
En un comentario que guarda relación con lo anterior, el profesor Whitcomb indicó que de acuerdo con la Crónica de Nabonido, Gubaru, en calidad de gobernador por designación de Ciro, “nombró [...] (gobernadores de distritos) en Babilonia”, tal como dice Daniel 6:1, 2 acerca de Darío: “Colocó sobre el reino a ciento veinte sátrapas”. De hecho, Whitcomb sostiene que por ser Gubaru un gobernador de gobernadores, sus súbditos lo consideraban un rey. (Darius the Mede, págs. 31-33.) Y con referencia a la vasta región sobre la que gobernó Gubaru (Gobrias), la obra History of the Persian Empire (de A. T. Olmstead, 1948, pág. 56) dice: “Sobre esta vasta extensión de tierra fértil, Gubaru gobernó casi como monarca independiente”.
Guiándose por lo susodicho, algunos eruditos opinan que es muy probable que Darío el medo fuese en realidad un virrey que reinó sobre los caldeos, pero en calidad de subordinado de Ciro, el monarca supremo del Imperio persa. En la página 71 de History of the Persian Empire, A. T. Olmstead dice: “En lo que respecta a su trato con sus súbditos babilonios, Ciro era ‘rey de Babilonia, rey de pueblos’. Sobre esta base, Ciro insistió en que la antigua línea de monarcas permanecía ininterrumpida, y halagó así la vanidad de sus súbditos, con lo que conquistó su lealtad. [...] Sin embargo, después de la marcha de Ciro, fue el sátrapa Gobrias quien representó la autoridad real”. Los que sostienen que el Darío de la Biblia era de hecho ese virrey corroboran lo que en ella se dice de él, que “recibió el reino” y que fue “hecho rey sobre el reino de los caldeos”, lo que prueba que, en efecto, estaba subordinado a una autoridad monárquica superior. (Da 5:31; 9:1; compárese con 7:27, donde se dice que el “Supremo”, Jehová Dios, dio el reino a “los santos”.)
Si bien es cierto que la información que hoy se tiene sobre Gubaru se asemeja en muchos aspectos a la que se tiene de Darío y que este bien pudo haber sido un virrey de Ciro, no se puede considerar que dicha información sea determinante. El registro histórico no revela ni la nacionalidad ni el parentesco de Gubaru, por lo que no se puede demostrar que fuese “medo” e “hijo de Asuero”. Tampoco dice que tuviese una autoridad real tan amplia como para hacer una proclama como la que se recoge en Daniel 6:6-9. Además, de lo que dice la Biblia parece deducirse que el reinado de Darío sobre Babilonia no tuvo una larga duración y que, a su término, Ciro tomó el trono; de todas formas, también es posible que ambos reinasen a la vez y que Daniel solo hiciese mención del año en el que Darío subió al poder en Babilonia. (Da 6:28; 9:1; 2Cr 36:20-23.) Gubaru gobernó durante catorce años.
Por qué es incierta su identificación histórica. Naturalmente, la veracidad del relato bíblico no depende de que sea confirmado por otras fuentes. Los numerosos casos en que los críticos han calificado de “no históricos” a personajes y acontecimientos bíblicos cuya historicidad ha quedado con el tiempo al margen de toda duda deberían bastar para que el estudiante de la Palabra de Dios no diese demasiada importancia a esta clase de crítica. Los cientos de miles de tablillas cuneiformes que se han desenterrado en el Oriente Medio nos ofrecen una historia muy incompleta y llena de lagunas. En cuanto a las otras fuentes, los historiadores antiguos, de cuyos escritos se conservan algunas copias (aunque a menudo incompletas), ha de mencionarse que fueron pocos, en su mayoría griegos y distanciados de los acontecimientos del libro de Daniel al menos uno o dos siglos.
Sin embargo, el mismo libro de Daniel nos da una razón mucho más convincente para entender la falta de información concerniente a Darío en los registros babilonios. El registro bíblico muestra que Darío colocó a Daniel en una posición encumbrada en el gobierno, con gran disgusto de los otros altos funcionarios. El complot que estos urdieron contra Daniel se frustró y Darío ejecutó a los acusadores de Daniel y a sus familias, acción que tal vez le granjeó la enemistad del resto de los funcionarios. La proclama de Darío que ordenaba que todos en el reino ‘temieran delante del Dios de Daniel’ inevitablemente tuvo que causar profundo descontento y resentimiento entre el poderoso clero babilonio. Ya que los escribas, como bien se sabe, estaban bajo la dirección de los funcionarios y del clero, no sería de extrañar que posteriormente se alteraran los registros y se eliminara el testimonio concerniente a este rey. Se sabe de otros casos similares en registros históricos de aquellos tiempos.
Por lo tanto, hay que conceder la debida importancia a la forma binaria de gobernación medopersa que menciona la Biblia. (Da 5:28; 8:3, 4, 20.) Aunque la historia seglar concede muchísima importancia a Ciro y a los persas, el registro bíblico muestra que ambos pueblos integraban un sistema de gobierno conjunto y que las leyes continuaron siendo las de “los medos y los persas”. (Da 6:8; Est 1:19.) Los medos desempeñaron un papel muy importante en el derrocamiento de Babilonia. (Isa 13:17-19.) Obsérvese también que Jeremías (51:11) predijo que los “reyes [plural] de los medos” estarían entre los que atacarían Babilonia. Darío pudo muy bien haber sido uno de esos reyes.
"La profecía fallida más importante, es que los primeros cristianos creían que estaban en los últimos días, que verían el fin en su misma generación"
Respuesta: Los seguidores de Jesús del primer siglo anhelaban que llegara el fin. Como veremos, algunos de ellos sí concluyeron que el fin era inminente, que vendría muy pronto. Se tenía que corregir su punto de vista. Pero ciertamente no hay nada malo en que los cristianos, en aquel entonces o ahora, crean sinceramente que el fin predicho esté cerca y que vivan diariamente teniendo eso presente.
Al contestar la pregunta que hicieron los discípulos acerca de “la señal” de su presencia, Jesús les advirtió: “Manténganse alerta, pues, porque no saben en qué día viene su Señor”. (Mateo 24:3, 42.) El estar alerta afectaría sus acciones, pues Cristo añadió: “Presten atención a sí mismos para que sus corazones nunca lleguen a estar cargados debido a comer con exceso y beber con exceso, y por las inquietudes de la vida, y de repente esté aquel día sobre ustedes instantáneamente [...] Manténganse despiertos, pues, en todo tiempo haciendo ruego para que logren escapar de todas estas cosas que están destinadas a suceder, y estar en pie delante del Hijo del hombre”. (Lucas 21:34-36.)
Note que Jesús dio este consejo justamente después de describir los acontecimientos que compondrían “la señal”. Así que advirtió a los apóstoles que tenían que desarrollarse ciertos sucesos en la historia antes que llegara el fin. No obstante, unas semanas después preguntaron al resucitado Jesús: “Señor, ¿estás restaurando el reino a Israel en este tiempo?”. Él añadió: “No les pertenece a ustedes adquirir el conocimiento de los tiempos o sazones que el Padre ha colocado en su propia jurisdicción”. (Hechos 1:6, 7.)
De lo anterior podemos ver que los seguidores más allegados de Jesús anhelaban tanto que llegara pronto el fin que pasaron por alto lo que él les había dicho poco antes acerca de las pruebas visibles que tendrían que desarrollarse durante Su presencia antes del fin.
En las cartas que el apóstol Pablo escribió a los cristianos tesalonicenses hallamos más indicación de dicho anhelo. Alrededor del año 50 E.C. él escribió: “En cuanto a los tiempos y a las sazones, hermanos, no tienen necesidad de que se les escriba nada. Porque ustedes mismos saben bastante bien que el día de Jehová viene exactamente como ladrón en la noche. Pues bien, entonces, no sigamos durmiendo como los demás, sino quedémonos despiertos y mantengamos nuestro juicio”. (1 Tesalonicenses 5:1, 2, 6.) Algunos de aquellos cristianos ungidos por espíritu entendieron eso como que la presencia de Jesús (junto con el día de Jehová para ejecutar a los inicuos) vendría en aquel entonces, inmediatamente.
Pero no sería así. De hecho, Pablo les escribió lo siguiente en una segunda carta: “Tocante a la presencia de nuestro Señor Jesucristo y el ser nosotros reunidos a él, les solicitamos que no se dejen sacudir prontamente de su razón, ni se dejen excitar tampoco mediante una expresión inspirada, ni mediante un mensaje verbal, ni mediante una carta como si fuera de nosotros, en el sentido de que el día de Jehová esté aquí. Que nadie los seduzca de manera alguna, porque no vendrá a menos que primero venga la apostasía y el hombre del desafuero quede revelado”. (2 Tesalonicenses 2:1-3.)
Esto no quería decir que podían adoptar una actitud de indiferencia en cuanto a la presencia de Jesús y el fin del sistema. Con cada año que pasaba la advertencia de Jesús se hacía más intensa: “Manténganse alerta, pues, porque no saben en qué día viene su Señor”.
Por eso, unos cinco años después de escribir la Segunda a los Tesalonicenses, Pablo escribió: “Ya es hora de que despierten del sueño, porque ahora está más cerca nuestra salvación que cuando nos hicimos creyentes. La noche está muy avanzada; el día se ha acercado. Por lo tanto, quitémonos las obras que pertenecen a la oscuridad y vistámonos las armas de la luz”. (Romanos 13:11, 12.) Cinco años después, Pablo aconsejó a los cristianos hebreos: “Ustedes tienen necesidad de aguante, para que, después que hayan hecho la voluntad de Dios, reciban el cumplimiento de la promesa. Porque aún ‘un poquito de tiempo’, y ‘el que viene llegará y no tardará’”. (Hebreos 10:36, 37.) Luego, en el penúltimo versículo de Revelación, el apóstol Juan escribió: “El que da testimonio de estas cosas dice: ‘Sí; vengo pronto’. ¡Amén! Ven, Señor Jesús”. (Revelación 22:20.)
No hay duda de ello, no era irrazonable que un cristiano del primer siglo pensara que el fin podía venir durante su vida. Y si moría en un accidente o por causas naturales antes del fin, habría vivido con un sentido de urgencia válido que Jesús y las Escrituras inspiradas le habían infundido.
Todo esto aplica con mayor fuerza a nosotros, en esta hora tardía en que vivimos. Parafraseando las palabras de Pablo, no podemos negar que ‘ahora nuestra salvación está más cerca que cuando los primeros cristianos se hicieron creyentes y hasta cuando nosotros mismos nos hicimos creyentes. La noche está muy avanzada; el día ciertamente se ha acercado’. Hemos podido ver en la historia a partir de la I Guerra Mundial la gran cantidad de prueba visible que se ha amontonado, evidencia de que vivimos en la conclusión del sistema de cosas. En vez de preocuparnos, tratando de adivinar cuándo exactamente vendrá el fin, debemos estar ocupados en la predicación de las buenas nuevas, que puede salvar nuestra vida y la vida de muchas otras personas. (1 Timoteo 4:16.)
Tenemos muchas razones para esperar que la predicación se completará en nuestro tiempo. ¿Sucederá antes de un nuevo mes, un nuevo año, una nueva década, un nuevo siglo? Ningún humano lo sabe, pues Jesús dijo que ‘ni siquiera los ángeles de los cielos’ sabían eso. (Mateo 24:36.) Además, no tenemos que saberlo con tal que nos concentremos en lo que el Señor nos ha mandado hacer. Lo más importante es que se efectúe la voluntad y la obra de Dios y que participemos en ella al mayor grado posible. Así ‘lograremos escapar de todas estas cosas que están destinadas a suceder, y estar en pie delante del Hijo del hombre’. (Lucas 21:36.)
