¿607 0 587?

  

 

EN LAS PUBLICACIONES DE LOS TESTIGOS DE JEHOVÁ SE AFIRMA QUE JERUSALÉN CAYÓ ANTE LOS BABILONIOS EN EL AÑO 607 ANTES DE NUESTRA ERA, MIENTRAS QUE LOS HISTORIADORES ACTUALES SUELEN FECHAR ESTE SUCESO EN 587. ALGUNOS OPOSITORES ATACAN A LOS TESTIGOS POR ACEPTAR LA FECHA DE 539 Y RECHAZAR LA DE 587. ENTONCES, ¿CUALES SON NUESTRAS BASES?

70 años

Años antes de la destrucción de Jerusalén, el profeta judío Jeremías dio una pista esencial para entender la cronología bíblica. “A todos los habitantes de Jerusalén” les advirtió: “Este país entero se convertirá en ruina, en espanto. Estas naciones servirán al rey de Babilonia setenta años” (Jeremías 25:1, 2, 11, BN). El profeta añadió más tarde: “Esto es lo que ha dicho Jehová: ‘Conforme se cumplan setenta años en Babilonia yo dirigiré mi atención a ustedes, y ciertamente estableceré para con ustedes mi buena palabra trayéndolos de vuelta a este lugar’” (Jeremías 29:10). ¿Qué importancia tienen estos “setenta años”? ¿Y cómo nos ayuda este período de tiempo a concretar la fecha de la destrucción de Jerusalén?

Algunas traducciones vierten Jeremías 29:10 de forma diferente, y en vez de hablar de setenta años “en Babilonia”, dicen “para Babilonia” (BN). De ahí que algunos historiadores afirmen que este período de setenta años alude al dominio del Imperio babilónico. Según la cronología extrabíblica, los babilonios dominaron la tierra de la antigua Judá y Jerusalén durante unos setenta años, que van desde alrededor del año 609 a.e.c. hasta el 539 a.e.c., año en que la capital del imperio, Babilonia, fue conquistada.

No obstante, la Biblia indica que esos setenta años serían un castigo de Dios contra la gente de Judá y Jerusalén, un pueblo que se había comprometido a obedecerle. Cuando ellos se negaron a corregir su mala conducta, Dios les avisó: “Envío a buscar [...] a Nabucodonosor, rey de Babilonia, [...] contra este país, contra sus habitantes y contra todas las naciones de su alrededor” (Jeremías 25: 4, 5, 8, 9 BN). Es cierto que las naciones vecinas también sufrirían la ira de Babilonia, pero Jeremías llamó a la destrucción de Jerusalén y a los setenta años de exilio que le seguirían “el castigo [...] de mi pueblo”, pues como él mismo señaló, “mucho ha pecado Jerusalén” (Lamentaciones 1:8; 3:42; 4:6, La Santa Biblia, Evaristo Martín Nieto, 1980).

Por tanto, la Biblia muestra que Judá fue castigada con dureza durante setenta años y que Dios utilizó a los babilonios como instrumento de castigo. Con todo, Dios les dijo a los judíos: “Cuando se cumplan setenta años [...], me ocuparé de ustedes [...] trayéndolos de nuevo a este lugar”, es decir, a Judá y Jerusalén (Jeremías 29:10, La Biblia de Nuestro Pueblo [BNP]).

¿Cuándo comenzaron?

El historiador inspirado Esdras, quien vivió después de que se cumplieran los setenta años que profetizó Jeremías, escribió respecto al rey Nabucodonosor: “Desterró a Babilonia a los supervivientes de la matanza, donde se convirtieron en esclavos suyos y de sus descendientes, hasta la llegada del imperio persa. Así se cumplió la palabra del Señor pronunciada por medio de Jeremías: ‘Hasta que haya recuperado sus descansos sabáticos, el país descansará durante el tiempo de la desolación que durará setenta años’” (2 Crónicas 36:20, 21, La Palabra [LP]).

Esto significa que los setenta años serían un período de “descanso sabático” para la tierra de Judá y Jerusalén. Durante ese tiempo no sería cultivada: ni se plantarían semillas ni se podarían las viñas (Levítico 25:1-5, BN). En vista de la desobediencia del pueblo de Dios, entre cuyos pecados tal vez estuviera no guardar todos los años sabáticos, el castigo consistió en que su tierra no sería cultivada ni habitada por setenta años. 

¿Cuándo estuvo la tierra de Judá desolada y abandonada? Lo cierto es que los babilonios, cumpliendo órdenes de Nabucodonosor, atacaron Jerusalén dos veces, y entre ambos ataques transcurrieron unos diez años. ¿Cuándo comenzaron los setenta años? No pudo ser tras el primer asedio. ¿Por qué no? Porque aunque en esa ocasión Nabucodonosor se llevó muchos prisioneros a Babilonia, también dejó gente en el país. Además, permitió que Jerusalén quedara en pie. Durante los años que siguieron a la primera deportación, “la clase de condición humilde” que quedó en Judá vivió de lo que producía la tierra (2 Reyes 24:8-17). Pero después, los acontecimientos dieron un giro radical.

A causa de una rebelión de los judíos, los babilonios regresaron a Jerusalén Esta vez arrasaron la ciudad y su sagrado templo, y llevaron a muchos de sus habitantes al cautiverio en Babilonia. En dos meses, “todos [los que habían quedado] huyeron a Egipto, grandes y pequeños, junto con los oficiales, pues temían a los babilonios” (2 Reyes 25:25, 26 , Nueva Versión Internacional). Fue solo entonces, en el séptimo mes judío de tisri (septiembre-octubre) de ese año, cuando la tierra quedó desolada y abandonada y comenzó su descanso sabático. Mediante el profeta Jeremías, Dios recordó a los refugiados judíos que estaban en Egipto: “Ustedes han visto todas las calamidades que envié sobre Jerusalén y sobre las ciudades de Judá: ahí las tienen hoy, arruinadas y sin habitantes” (Jeremías 44:1, 2, BNP). Así pues, todo apunta a que este suceso marcó el inicio de los setenta años. ¿Y en qué año ocurrió eso? Para responder a esta pregunta, debemos averiguar cuándo concluyeron los setenta años.

¿Cuándo terminaron? 

El profeta Daniel, quien vivió en Babilonia “hasta la llegada del imperio persa”, calculó cuándo debían concluir los setenta años. “Yo, Daniel —escribió⁠—, estuve investigando en las Escrituras sobre los setenta años que tenía que permanecer Jerusalén en ruinas, según la palabra dirigida por el Señor al profeta Jeremías.” (Daniel 9:1, 2 LP.)

Esdras meditó en las profecías de Jeremías y asoció el final de los “setenta años” con el momento en que “Jehová movió el espíritu de Ciro rey de Persia; y éste hizo pasar pregón por todo su reino” (2 Crónicas 36:21, 22, Versión Moderna). ¿Cuándo fueron liberados los judíos? El pregón que puso fin al exilio se emitió en el primer año de Ciro, el rey de Persia. Y para el otoño del 537 a.e.c., los judíos habían regresado a Jerusalén a fin de restablecer la adoración verdadera (Esdras 1:1-5).

Así pues, la cronología bíblica indica que los setenta años fueron un período literal que finalizó en el año 537 a.e.c. Y si retrocedemos setenta años en el tiempo, llegamos a la fecha en que comenzó ese período: el año 607 a.e.c.

El testimonio de Ezequiel     

Ezequiel escenificó cuándo iba a caer Jerusalén. Jehová le dijo que se acostara del lado izquierdo durante 390 días y del lado derecho otros 40 días. Es probable que Ezequiel hiciera eso solo durante parte del día. Ahora bien, cada día representaba un año (Ezequiel 4:4-6; Números 14:34). Esta escenificación indicaba el año exacto de la destrucción de Jerusalén. Los 390 años del pecado de Israel comenzaron en el 997 antes de nuestra era, año en que el reino de las 12 tribus se dividió en dos (1 Reyes 12:12-20). Y los 40 años del pecado de Judá probablemente empezaron en el 647. Ese año se le encargó a Jeremías que advirtiera al reino de Judá de su cercana destrucción, y tenía que hacerlo sin rodeos (Jeremías 1:1, 2, 17-19; 19:3, 4). Por tanto, los dos periodos de tiempo terminarían en el 607, el año exacto de la caída y destrucción de Jerusalén, tal como Jehová había predicho.  

Ahora bien, si las pruebas que ofrecen las Escrituras inspiradas señalan que Jerusalén fue destruida en el año 607 a.e.c., ¿Por qué aseguran muchos expertos que eso ocurrió en el 587 a.e.c.? Ellos se apoyan en dos fuentes de información: las obras de varios historiadores clásicos y el Canon de Tolomeo. ¿Son estas dos fuentes más confiables que las Santas Escrituras? Veamos.

Los historiadores clásicos

Los historiadores de épocas más cercanas a la destrucción de Jerusalén presentan datos distintos sobre los reyes neobabilónicos. La secuencia de acontecimientos que ellos proponen no concuerda con la de la Biblia. Entonces, ¿se puede confiar en sus escritos?

Uno de los historiadores que vivió más cerca de la época neobabilónica fue Beroso, quien era babilonio y “sacerdote de Bel”. Escribió su obra Babyloniaca alrededor del año 281 a.e.c., pero actualmente solo se conservan fragmentos en los escritos de otros historiadores. Beroso afirma que empleó “libros que se habían conservado con gran esmero en Babilonia”. ¿Fue Beroso un historiador fidedigno? Examinemos un caso en particular.

Beroso escribió que el rey asirio Senaquerib ascendió al trono después del “reinado de [su] hermano”, y “después de él su hijo [Asarhaddón reinó] ocho años, y luego Sammuges [Šamaš-šum-ukin] veintiún años” (III, 2.1, 4). Sin embargo, documentos históricos babilónicos escritos mucho antes de la época de Beroso indican que Senaquerib sucedió en el trono a su padre, Sargón II, no a su hermano; que Asarhaddón gobernó doce años y no ocho, y que Šamaš-šum-ukin gobernó veinte años, no veintiuno. El historiador Robartus J. van der Spek admitió que Beroso consultó las Crónicas de Babilonia, pero escribió: “Esto no le impidió hacer sus propias añadiduras e interpretaciones”.

¿Qué opinan sobre Beroso otros especialistas? “En el pasado se consideraba que Beroso era un historiador”, declaró Stanley M. Burstein, quien estudió a fondo las obras de Beroso. Y llegó a la siguiente conclusión: “Como historiador, su trabajo sería inaceptable. Incluso en su estado fragmentario actual, la Babyloniaca contiene inexactitudes que sorprenden por su obviedad [...]. Un historiador no puede equivocarse así, pero claro, el objetivo de Beroso no era elaborar un registro histórico”.

Llegados a este punto, ¿Qué piensa usted? ¿Deben calificarse los cálculos de Beroso como coherentes y exactos? ¿Y qué hay de otros historiadores antiguos que, en su mayor parte, basaron sus cronologías en los escritos de Beroso? ¿Puede decirse que sus conclusiones son dignas de confianza?

El Canon de Tolomeo 

Esta lista de reyes de Claudio Tolomeo, astrónomo del siglo II de nuestra era, también se utiliza para respaldar la fecha tradicional de 587 a.e.c. El Canon está considerado la columna vertebral de la cronología de la historia antigua, que incluye el período neobabilónico.

Tolomeo compiló su lista unos seiscientos años después de finalizar el período neobabilónico. Entonces, ¿Cómo determinó la fecha en que el primer rey de su lista comenzó a regir? Tolomeo explicó que empleó cálculos astronómicos —en parte basados en eclipses lunares⁠— “para calcular cuándo comenzó el reinado de Nabonasar”, el primer monarca de su lista. Christopher Walker, del Museo Británico, señaló que el Canon de Tolomeo estaba pensado “para facilitar a los astrónomos una cronología coherente”, y no “para dar a los historiadores una crónica exacta del ascenso y muerte de los reyes”.

El profesor Leo Depuydt, uno de los defensores más entusiastas de Tolomeo, declaró: “Se sabe desde hace mucho que el Canon es astronómicamente fidedigno. [...] Pero eso no implica que lo sea en sentido histórico”. Y añadió: “Respecto a los primeros reyes [entre los que figuran los neobabilónicos], habría que comparar el Canon, reino por reino, con los textos cuneiformes”.

¿Qué son los “textos cuneiformes” que nos permiten evaluar la exactitud histórica del Canon de Tolomeo? Son documentos escritos por escribas que vivieron durante la época neobabilónica o cerca de ella, como las Crónicas de Babilonia, listas de reyes y tablillas administrativas.

Tolomeo solo anotó cuatro reyes entre los gobernantes babilónicos Kandalanu y Nabonido. Sin embargo, en el texto cuneiforme que contiene la lista de reyes de Uruk aparecen siete reyes en ese mismo período. ¿Acaso esos reinados fueron breves e insignificantes? Según varias tablillas administrativas cuneiformes, uno de ellos duró siete años.

Los documentos cuneiformes también indican que antes del reinado de Nabopolasar (el primer rey del período neobabilónico), otro rey (Ashur-etil-ilani) gobernó cuatro años en Babilonia. Además, durante más de un año el país no tuvo ningún rey. Ninguno de estos datos figura en el Canon de Tolomeo.

¿Por qué omitió Tolomeo a algunos monarcas? Al parecer, no creía que fueran legítimos gobernantes de Babilonia. Por ejemplo, excluyó a Labias-Marduk, un rey neobabilónico. No obstante, existen documentos cuneiformes que confirman que los reyes omitidos por Tolomeo sí gobernaron Babilonia.

En general, se considera que el Canon de Tolomeo es exacto. Pero, en vista de las omisiones que hace, ¿puede servir de base para una cronología histórica incuestionable?

¿A qué conclusión nos llevan las pruebas?

Hagamos un resumen. La Biblia dice claramente que hubo un exilio que duró setenta años. Hay pruebas sólidas —que la mayoría de los especialistas aceptan⁠— de que los judíos exiliados habían regresado a su patria para el año 537 a.e.c. Si retrocedemos setenta años desde ese momento, hallamos que Jerusalén fue destruida en el año 607 a.e.c. Aunque los historiadores antiguos y el Canon de Tolomeo no concuerdan con esta fecha, lo cierto es que hay dudas razonables sobre la exactitud de sus escritos. Desde luego, la información que aportan estas dos fuentes no basta para cuestionar la cronología bíblica.

Sin embargo, todavía quedan preguntas por responder. ¿Es verdad que no existen pruebas históricas que respalden la fecha que la Biblia señala, es decir, el año 607 a.e.c.? ¿Qué demuestran documentos cuneiformes que se pueden fechar, muchos de los cuales fueron escritos por contemporáneos?

● Las Crónicas de Babilonia.

¿Qué son? Una colección de tablillas que registran acontecimientos sobresalientes de la historia babilónica.

¿Qué dicen los expertos? Ronald H. Sack, una eminencia en documentos cuneiformes, declaró que las Crónicas brindan un registro incompleto de acontecimientos importantes. Además, escribió que los historiadores deben investigar “otras fuentes [...] para determinar lo que de verdad sucedió”.

¿Qué muestran las tablillas? Que los datos históricos de las Crónicas de Babilonia son muy incompletos. Así pues, es lógico preguntarse cuánta confianza merecen las conclusiones basadas en un registro incompleto.

 Tablillas administrativas.

¿Qué son? La mayoría de las pertenecientes al período neobabilónico son recibos legales. En ellas constaba el día, el mes y el año del monarca reinante. Por ejemplo, una tablilla corresponde a una transacción realizada “el día 27 de nisán del undécimo año del rey Nabucodonosor [también llamado Nabucodonosor II], rey de Babilonia”.

Cuando un rey fallecía o era destronado y otro ocupaba su lugar, los restantes meses de ese año se consideraban el año de ascenso del nuevo gobernante. Es decir, la transición de un rey a otro transcurría durante el mismo año del calendario babilónico. Por consiguiente, lo correcto es fechar las tablillas del año de ascenso del nuevo rey en los meses posteriores al último mes del rey anterior.

¿Qué dicen los expertos? Ronald H. Sack examinó numerosas tablillas administrativas del período neobabilónico y tuvo acceso a varios textos del Museo Británico que no habían sido puestos a disposición del público. En 1972 escribió que estos nuevos datos “alteraron por completo” las conclusiones previas sobre la transición entre Nabucodonosor II y su hijo Awēl-Marduk (también llamado Evil-merodac). ¿Por qué dijo eso? Él sabía por ciertas tablillas que Nabucodonosor II aún reinaba en el sexto mes de su último año (el año 43). Pero las tablillas recién descifradas del año de ascenso del siguiente rey, Awēl-Marduk, fueron fechadas en el cuarto quinto mes de, supuestamente, el mismo año. A todas luces, había una discrepancia.

¿Qué muestran las tablillas? Hay más discrepancias en las transiciones entre monarcas. Por ejemplo, un documento revela que Nabucodonosor II todavía era rey en el décimo mes de su último año, o sea, unos seis meses después de la supuesta fecha en que su sucesor comenzó a reinar. Existe una discrepancia similar en la transición entre Awēl-Marduk y su sucesor, Neriglissar. 

¿Por qué son importantes estas diferencias? Como ya se mencionó, las lagunas que se observan en las Crónicas de Babilonia apuntan a que no disponemos de un registro cronológico continuo. ¿Habrán ocupado el trono otros reyes entre los reinados de dichos monarcas? En tal caso, tendrían que sumarse más años al período neobabilónico. Por tanto, ni las Crónicas de Babilonia ni las tablillas administrativas bastan para asegurar que Jerusalén fue destruida en el 587 a.e.c.

 Tablillas astronómicas.

¿Qué son? Tablillas cuneiformes que describen posiciones del Sol, la Luna, los planetas y las estrellas, y que asocian esas posiciones a datos históricos, como el año de reinado de un monarca en particular. Por ejemplo, en el diario astronómico que aparece abajo se registró un eclipse lunar observado el primer mes del primer año del reinado de Nabu-mukin-zeri.

¿Qué dicen los expertos? Coinciden en que los babilonios crearon tablas y listas detalladas para predecir cuándo sería más probable observar eclipses.

Pero ¿podían los babilonios determinar la fecha de eclipses pasados? El historiador John M. Steele declaró: “Es posible que algunas de las supuestas predicciones de los primeros eclipses se hicieran cuando se elaboró el texto, aplicando los cálculos de sus tablas hacia atrás en el tiempo” (cursivas nuestras). El profesor David Brown, quien piensa que los mapas astronómicos contenían predicciones realizadas poco antes de los sucesos registrados, reconoce que algunas de estas anotaciones quizás fueran el resultado de “retrocálculos que hicieron escribas del siglo IV a.e.c. y de siglos posteriores”. A menos que otras pruebas los respalden, ¿podría afirmarse que estos cálculos hechos hacia atrás son del todo fiables?

Suponiendo que sea cierto que hubo un eclipse en una fecha en particular, ¿garantiza eso que la información histórica que el escriba asoció a esa fecha sea exacta? No necesariamente. El historiador Robartus J. van der Spek puntualiza: “Los compiladores eran astrólogos, no historiadores”. En su opinión, las secciones de las tablillas que contienen registros históricos “no son tan rigurosas” y advierte que esos datos deben “manejarse con cautela”.

¿Qué muestran las tablillas? Veamos el caso de la tablilla VAT 4956. En su primera línea dice: “Año 37 de Nabucodonosor, rey de Babilonia”. A partir de esa línea contiene descripciones detalladas de la posición de la Luna y los planetas respecto a diversas estrellas y constelaciones, así como un eclipse lunar. Según los especialistas, esa era la posición de los astros en 568-567 a.e.c., lo que implicaría que el año dieciocho de Nabucodonosor II, cuando destruyó Jerusalén, fue el 587 a.e.c. Ahora bien, ¿apuntan estas referencias astronómicas de forma irrebatible y exclusiva al año babilónico que corresponde a 568-567 a.e.c.?

El eclipse lunar que menciona la tablilla tuvo lugar, según cálculos babilónicos, el día 15 de siranu, el tercer mes babilónico. Es un hecho probado que en ese mes —el día 4 de julio del 568 a.e.c. según el calendario juliano⁠— ocurrió un eclipse lunar. No obstante, también se observó un eclipse veinte años antes: el 15 de julio del 588 a.e.c.

Si el 588 a.e.c. correspondiera al año treinta y siete de Nabucodonosor II, entonces su año dieciocho sería el 607 a.e.c.: justo el año en que, según la cronología bíblica, Jerusalén fue destruida. Pero ¿ofrece VAT 4956 más pruebas que señalen al año 607 a.e.c.?

Además de los eclipses ya mencionados, en la tablilla hay trece observaciones lunares y quince planetarias que detallan la posición de la Luna y de los planetas en relación con ciertas estrellas o constelaciones. También hay ocho intervalos de tiempo entre la salida y la puesta del Sol y de la Luna.

Debido a que las posiciones lunares son más confiables, los investigadores han estudiado cuidadosamente las trece posiciones lunares registradas en VAT 4956. Analizaron los datos valiéndose de un programa informático diseñado para conocer la ubicación de los cuerpos celestes en una fecha específica del pasado. ¿Qué reveló este análisis? Que de las trece observaciones lunares, no todas coinciden con las posiciones de la Luna en el año 568-567 a.e.c., pero todas sí coinciden con las del año 588-587 a.e.c., veinte años antes.

Aquí al lado aparece una cara de la tablilla VAT 4956. Se resalta uno de los casos en que las observaciones lunares se ajustan mejor al año 588 a.e.c. que al 568 a.e.c. La tercera línea dice que en la “noche del día 9 [de nisanu]”, la Luna estaba en cierta posición. Sin embargo, los investigadores que fecharon por primera vez esa posición en el año 568 a.e.c. (el año astronómico -567) reconocieron que en ese año la Luna estaba en esa posición el “día 8 de nisanu, y no el 9”. Para justificar haber fechado la tablilla en el 568 a.e.c., alegaron que, por error, el escriba había anotado 9 en vez de 8. Pero la posición lunar anotada en la tercera línea coincide a la perfección con el 9 de nisanu del 588 a.e.c.

Está claro que muchos de los datos astronómicos de VAT 4956 confirman que el año 588 a.e.c. fue el año treinta y siete de Nabucodonosor II. Por tanto, estos datos respaldan que en el año 607 a.e.c. tuvo lugar la destrucción de Jerusalén, tal y como señala la Biblia.

¿Por qué confiar en la Biblia?

Una gran prueba para confiar en la Biblia en este asunto, es que predijo con exactitud la caída de Babilonia como se muestra con exactitud en los capítulos 44 y 45 de Isaías (Algo que tiene profunda relacion con el exilio y el 537 a.e.c.).   

En la actualidad, la mayoría de los historiadores sostienen que Jerusalén fue destruida en el año 587 a.e.c. Por otro lado, los escritores bíblicos Jeremías y Daniel afirman con claridad que los judíos estuvieron exiliados setenta años, y no cincuenta. Sus afirmaciones permiten concluir que Jerusalén fue destruida en el año 607 a.e.c. Y como se desprende de las pruebas ya examinadas, esa conclusión cuenta con cierto apoyo extrabíblico.

Vez tras vez, los expertos han puesto en duda la exactitud de la Biblia. Pero cuando se descubren nuevas pruebas, se vuelve a confirmar la veracidad de este libro. Quienes confían en la Biblia tienen buenas razones para hacerlo, pues han visto pruebas de su fiabilidad en sentido histórico, científico y profético. Esas pruebas los impulsan a creer lo que la Biblia misma asegura ser: la Palabra inspirada de Dios. Si usted mismo decide investigar estas pruebas, es muy posible que llegue a la misma conclusión.


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