"Toda Escritura es Inspirada por Dios" La Ciencia y Génesis

Casi todo tipo de vida terrestre depende de la energía solar, la cual viaja por el espacio en forma de radiación de diversas longitudes de onda. Los rayos de longitud más corta son los rayos gamma, que son mortales. Le siguen los rayos X, los ultravioleta, la luz visible, los infrarrojos, las microondas y las ondas de radio, que son las más largas. Cabe notar que nuestra atmósfera bloquea la mayoría de los rayos que nos hacen daño, pero deja pasar a la superficie terrestre los que necesitamos.
¿Por qué le sorprende esto?
Me impresionaron las palabras con las que empieza el relato de la creación en la Biblia y lo que se dice sobre la luz: “Dios procedió a decir: ‘Llegue a haber luz’. Entonces llegó a haber luz” (Génesis 1:3). Aunque solo una pequeña porción de los rayos que llegan del Sol son luz visible, necesitamos esa luz para vivir. Las plantas los necesitan para producir nuestro alimento, y nosotros, para ver. No puede ser coincidencia que la atmósfera deje pasar sin estorbos precisamente esos rayos. Y más sorprendente aún es la cantidad de rayos ultravioleta que deja pasar.
¿Qué tiene eso de sorprendente?
Bueno, necesitamos una pequeña cantidad de rayos ultravioleta para que nuestra piel pueda producir vitamina D, que es indispensable para tener huesos sanos y para estar protegidos del cáncer y otras enfermedades. Ahora bien, el exceso de estos rayos causa cáncer de piel y cataratas. En condiciones óptimas, la atmósfera deja entrar la cantidad exacta de rayos ultravioleta. En mi opinión, esto es una prueba de que alguien diseñó la Tierra para que sostuviera la vida.
Poco a poco, Huabi (su esposa) y yo nos convencimos de que existe un Creador y de que inspiró la Biblia."
Los que vivían durante el tiempo en que se estaba escribiendo la Biblia tenían ideas extrañas con relación a la forma y el fundamento de la Tierra. Según la antigua cosmología egipcia, “el universo es una caja rectangular, colocada en posición de norte a sur, como Egipto. La Tierra está situada abajo, como una llanura ligeramente cóncava que tiene a Egipto en el centro. . . . En los cuatro puntos cardinales, las cimas de unas montañas muy altas sostienen el cielo. El cielo es una cubierta metálica, plana o encorvada hacia el exterior, llena de agujeros. De este cielo cuelgan estrellas, semejantes a lámparas colgadas de cables.” ¡Que diferencia con lo que dice la Biblia! (Isaías 40:22; Job 26:7)
Es también digno de mención que en Génesis 1:16 no se usa el verbo hebreo ba·ráʼ, que significa “crear”, sino que se emplea el verbo hebreo ʽa·sáh, cuyo significado es “hacer”. Como el Sol, la Luna y las estrellas están incluidos en “los cielos” mencionados en Génesis 1:1, estos astros se crearon mucho antes del Día Cuarto. En ese “día” Dios procedió a “hacer” que dichos cuerpos celestes llegaran a tener una nueva relación con respecto a la superficie terrestre y a la expansión que había sobre ella. Las palabras: “Las puso Dios en la expansión de los cielos para brillar sobre la tierra”, deben indicar que en ese momento se hacían distinguibles desde la superficie de la Tierra, como si estuvieran en la expansión. Además, las lumbreras tenían que “servir de señales y para estaciones y para días y años”, lo que significaba que el hombre podría utilizarlas como guía de distintas maneras. (Génesis 1:14.) Esto tambien armoniza con la ciencia. El Dr. Wernher von Braun, científico especializado en cohetes, dijo: “Las leyes naturales del universo son tan precisas que no se nos hace difícil construir una nave espacial para volar a la Luna, y podemos medir el tiempo del vuelo con la precisión de una fracción de segundo. Estas leyes tienen que haber sido establecidas por alguien”
20 "Entonces Dios dijo: “Que las aguas se llenen de seres vivos y que los animales voladores vuelen por encima de la tierra a través de la expansión de los cielos”. 21 Así que Dios creó los grandes animales marinos y todos los seres vivos que se mueven y enjambran en las aguas según sus géneros, y todos los animales con alas que vuelan según sus géneros. Y Dios vio que esto era bueno. 22 Luego Dios los bendijo así: “Reprodúzcanse, sean muchos y llenen los mares. Y que los animales voladores se multipliquen en la tierra”. 23 Y hubo tarde y hubo mañana. Ese fue el quinto día. 24 Entonces Dios dijo: “Que la tierra produzca seres vivos según sus géneros: animales domésticos, animales que se arrastran y animales salvajes de la tierra según sus géneros”. Y así ocurrió. 25 Dios pasó a hacer a los animales salvajes de la tierra según sus géneros, a los animales domésticos según sus géneros y a los animales que se arrastran según sus géneros. Y Dios vio que esto era bueno." - Génesis 1:20-25
El Día Quinto vio la creación en la Tierra de las primeras almas no humanas. Dios no se propuso que las demás formas de vida evolucionaran de una sola criatura, sino que literalmente enjambres de almas vivientes llegaron a existir por el poder divino. Dice el registro: “Dios procedió a crear los grandes monstruos marinos y toda alma viviente que se mueve, los cuales las aguas enjambraron según sus géneros, y toda criatura voladora alada según su género”. Complacido con su creación, Dios la bendijo y dijo que ‘se hicieran muchos’, lo que era posible porque Él había dotado a estas criaturas de muchas familias genéricas distintas con la facultad de reproducirse “según sus géneros”. (Génesis 1:20-23.)
La palabra hebrea que se traduce “criaturas voladoras” en Génesis 1:20 es ʽohf, un término que puede abarcar insectos alados y reptiles voladores como los pterosaurios. Puede que los primeros insectos precedieran a criaturas como los pterosaurios, y que estos reptiles voladores de alas membranosas aparecieran antes que las aves y los mamíferos.
El relato bíblico sobre la creación no registra todo detalle de las obras creativas de Jehová Dios, sino que enumera algunos de los principales acontecimientos que sucedieron durante la preparación de la Tierra para recibir a los seres vivos y explica la aparición ordenada de grandes categorías de vida vegetal y animal. Por eso el registro de Génesis no presenta por separado a los insectos alados, los reptiles voladores y las aves, sino que los agrupa a todos bajo un mismo término hebreo general y abarcador que se traduce “criaturas voladoras”
El relato de la creación que se encuentra en el primer capítulo de Génesis manifiesta que Jehová Dios creó a todas las criaturas vivientes de la Tierra “según sus géneros”. (Génesis 1:11, nota.) Hacia la parte final del sexto día creativo ya habían sido creadas gran variedad de familias ‘genéricas’ básicas sobre la Tierra, que comprendían formas de vida muy complejas, todas ellas con la facultad de reproducirse, de acuerdo con un patrón fijo y ordenado, “según sus géneros”. (Génesis 1:12, 21, 22, 24, 25; 1 Corintios 14:33.)
En años recientes el término “especie” se ha usado de tal manera que ha causado confusión al compararlo con la palabra “género”. El sentido primario de “especie” es “conjunto de cosas que forman un grupo, por tener uno o varios caracteres comunes”, pero en el campo de la biología se aplica a conjuntos de animales o plantas que pueden fecundar entre sí y que tienen una o varias características comunes. Por lo tanto, podría haber muchas especies o variedades dentro de cada uno de los ‘géneros’ de Génesis.
Tanto por la explicación de la creación que se da en la Biblia como por las leyes implantadas por Dios para el control del mundo natural, es perfectamente explicable la gran diversidad que se observa dentro de cada “género” creado, pero no hay base alguna para sostener, como hacen algunos, que desde que terminó el período creativo han aparecido nuevos “géneros”. La regla invariable de que no puede haber procreación entre “géneros” distintos responde a un principio biológico hasta la fecha incuestionable. Ni siquiera con la ayuda de avanzados laboratorios y la tecnología moderna se han podido formar en la actualidad nuevos “géneros”. Además, la fecundación entre “géneros” distintos afectaría el propósito divino de tener familias genéricas separadas y destruiría la individualidad de las diversas especies de criaturas vivientes, flora y fauna en general. Por consiguiente, en vista de la evidente diferenciación de los “géneros” creados, se puede considerar que un “género” es una unidad separada e independiente de los demás.
Desde que existen registros hasta hoy, los perros siempre han sido perros, los gatos, gatos, y los elefantes han sido y serán elefantes. La esterilidad sigue siendo el factor delimitante de lo que constituye un “género”. Este fenómeno hace posible —mediante la prueba de la esterilidad— determinar los límites de todos los “géneros” que existen hoy. Mediante esta prueba natural de fertilización, es posible descubrir las relaciones primarias dentro del mundo animal y vegetal. Por ejemplo, la frontera de la esterilidad representa un vacío infranqueable entre el hombre y los animales. Pruebas de apareamiento que se han realizado demuestran que el mero parecido entre dos “géneros” no es un criterio válido para catalogarlos como de la misma especie. Si bien el hombre y el chimpancé tienen algún parecido entre sí, músculos y osamenta semejantes, la total imposibilidad de conseguir un híbrido de hombre y antropoide demuestra que estamos ante dos creaciones separadas que no corresponden al mismo “género” creado.
Hubo un tiempo en el que se pensó que la hibridación sería el mejor medio de producir un nuevo “género”, pero en todos los casos en los que supuestamente se había conseguido un resultado positivo, se pudo demostrar con relativa facilidad que los individuos apareados eran de un mismo “género”, como en el caso del caballo y del burro, ambos équidos. El resultado de este cruce es la mula, que, salvo en raras excepciones, es estéril y, por lo tanto, incapaz de reproducirse por el medio natural. El propio Charles Darwin se vio obligado a reconocer que la “distinción de las formas específicas y el no estar ligadas entre sí por innumerables [eslabones] de transición, es una dificultad muy evidente”. (El origen de las especies, editorial EDAF, 1985, cap. 10, pág. 315.) Esta afirmación sigue siendo cierta.
Si bien es posible que el número de “géneros” creados se limite a unos centenares, existen en el mundo muchas más variedades de animales y plantas. Según la investigación moderna, en una misma familia botánica puede haber hasta centenares de miles de plantas diferentes. Algo parecido sucede en el reino animal; por ejemplo, en el “género” de los félidos puede haber una gran variedad de gatos, al igual que hay variedad entre los bóvidos, los cánidos y hasta en la especie humana, lo que ha producido una gran diversidad dentro de cada “género”. Pero aun así, prevalece un hecho fundamental: sin importar cuánta variedad haya dentro de ellos no puede haber fusión genética entre estos géneros.
La investigación geológica ha aportado pruebas inconfundibles de que los fósiles de los especímenes más antiguos de un determinado animal son muy parecidos a sus descendientes actuales. Por ejemplo, las cucarachas fósiles halladas entre lo que se supone que son los fósiles de insectos más antiguos son idénticas a las actuales. Hay una total ausencia de fósiles de transición entre un “género” y otro. El caballo, el elefante, el águila, el roble, el nogal, el helecho..., todos permanecen circunscritos a su “género”, sin evolucionar hacia “géneros” distintos. El testimonio del registro fósil concuerda plenamente con el relato bíblico de la creación, que muestra que en el transcurso de los últimos días creativos Jehová creó todas las formas de vida que existen sobre la Tierra en gran cantidad y “según sus géneros”. (Génesis 1:20-25.)
Todo lo considerado permite deducir que Noé pudo seleccionar las especies animales necesarias para preservarlas en el arca durante el Diluvio. La Biblia no dice que tuviese que escoger un animal de cada una de las variedades existentes. De hecho, dice: “De las criaturas voladoras según sus géneros y de los animales domésticos según sus géneros, de todos los animales movientes del suelo según sus géneros, dos de cada uno entrarán a donde ti allí para conservarlos vivos”. (Génesis 6:20; 7:14, 15.) Jehová Dios sabía que solo era necesario salvar especímenes representativos de cada “género”, ya que después del Diluvio se reproducirían en todas sus variedades.
Después que las aguas del Diluvio remitieron, salieron del arca los relativamente pocos “géneros” de animales que habían sido conservados con vida, se dispersaron por toda la superficie de la Tierra y, con el transcurso del tiempo, produjeron una gran variedad dentro de sus respectivos “géneros”. Aunque desde entonces han aparecido muchas variedades nuevas, los “géneros” que sobrevivieron al Diluvio han permanecido invariables, sin experimentar cambio alguno en plena concordancia con la inmutable palabra de Jehová Dios. (Isaías 55:8-11.)
Vyskočil, František, profesor de Neurofisiología, dijo en una entrevista:
"¿Pensó en la figura de Dios alguna vez?
En cierto modo sí. A veces me preguntaba por qué muchas personas cultas, entre ellas algunos de mis profesores, eran creyentes, aunque no abiertamente debido al régimen comunista. Para mí, Dios era invención del hombre; además, estaba indignado por las atrocidades cometidas en nombre de la religión.
¿Cómo cambió de parecer sobre la evolución?
Comenzaron a invadirme las dudas al estudiar las sinapsis. Me caló hondo la asombrosa complejidad de estas aparentemente sencillas conexiones entre las células nerviosas. “¿Cómo es posible que las sinapsis y los programas genéticos que las controlan sean producto del ciego azar?”, me preguntaba. La verdad es que no tenía sentido.
Luego, a principios de la década de los setenta, asistí a una conferencia de un famoso científico y profesor ruso, quien aseguró que los organismos vivos no proceden de mutaciones casuales ni de la selección natural. Uno de los presentes le preguntó cómo podía estar tan seguro. Y el profesor, sacando del bolsillo de su chaqueta una Biblia en ruso y sosteniéndola en alto, respondió: “Lea la Biblia, especialmente el relato del Génesis sobre la creación”.
Más tarde, en la recepción, le pregunté al profesor si decía en serio lo de leer la Biblia. En esencia contestó: “Las simples bacterias se dividen cada veinte minutos más o menos y poseen muchos centenares de diferentes proteínas, cada una de las cuales contiene veinte tipos de aminoácidos organizados en cadenas que pueden alcanzar cientos de eslabones. La evolución de las bacterias a base de sucesivas mutaciones favorables tomaría muchísimo tiempo, mucho más de tres o cuatro mil millones de años, el tiempo que muchos científicos creen que lleva la vida en la Tierra”. El profesor opinaba que lo que decía el libro bíblico de Génesis era más lógico.
¿Qué efecto tuvieron en usted los comentarios del profesor?
Sus observaciones, aunadas a mis persistentes dudas, me impulsaron a comentar el tema con varios amigos y colegas creyentes, pero no me convencieron sus ideas. Un día hablé con un farmacólogo que era testigo de Jehová. Pasó tres años dándonos clases bíblicas a mí y a mi esposa, Ema. Dos cosas nos sorprendieron. Primero, que el “cristianismo” tradicional tiene muy poco en común con la Biblia. Segundo, que la Biblia, aunque no es un libro científico, en realidad armoniza con la ciencia verdadera.
¿Le ha impedido su cambio de opinión seguir con sus investigaciones científicas?
No, en absoluto. Todo buen científico, sean cuales sean sus creencias, debe ser lo más objetivo posible. Pero mi fe me ha cambiado. En vez de ser extremadamente autosuficiente y competitivo y estar orgulloso de mis habilidades científicas, se las agradezco a Dios. Además, ya no atribuyo indebidamente los asombrosos diseños de la creación al ciego azar, sino que, al igual que otros muchos científicos, me pregunto: “¿Cómo hizo Dios esto?”.
E aquí otros comentarios de científicos reconocidos, al respecto:
El biólogo Russell Charles Artist, dijo: “Al tratar de explicar el principio [de la célula] y su continuo funcionamiento, nos encaramos a dificultades tremendas, insuperables, a menos que sostengamos con argumentos razonables y lógicos que la creó un ser inteligente”.
El geofísico John R. Baumgardner señala: “Frente a unas probabilidades desfavorables en grado sumo, ¿Qué científico honrado puede apelar a la acción del azar como explicación de la complejidad de los seres vivos? Actuar así cuando se tiene conciencia de estos números es, en mi opinión, una grave violación de la integridad científica”.
El bioquímico molecular Michael Behe escribe: “En las últimas cuatro décadas la bioquímica moderna ha develado los secretos de la célula. [...] El resultado de estos esfuerzos acumulativos para investigar la célula —para investigar la vida a nivel molecular— es un estridente, claro y penetrante grito de ‘¡Diseño!’”.
Francis Collins, físico y genetista, y director del Proyecto del Genoma Humano dice: “La religión me ayuda muchísimo a comprender y valorar la ciencia”, Y añade: “Cuando descubro algo sobre el genoma humano y entonces recapacito sobre el misterio de la vida, me invade un sentimiento de asombro, admiración y respeto reverencial. Me digo: ‘¡Qué maravilla! ¡Solo Dios lo sabía de antemano!’. Es una sensación sumamente hermosa y conmovedora que me motiva a apreciar a Dios y que hace que la ciencia me resulte aún más gratificante”.
Antony Flew, profesor de filosofía que durante mucho tiempo fue ardiente defensor del ateísmo. Cuando comprendió la enorme complejidad de los seres vivos y las leyes del universo, Flew cambió su forma de pensar. ¿Por qué? Porque se dejó guiar por este antiguo principio: “Sigue el argumento a donde sea que te lleve”. Para él, las pruebas eran claras: tiene que existir un Creador.
El profesor Maciej Giertych, renombrado genetista del Instituto de Dendrología de la Academia Polaca de Ciencias, respondió lo siguiente en una entrevista para un documental: “Somos ahora conscientes de la impresionante cantidad de información contenida en los genes. La ciencia no es capaz de explicar cómo puede surgir espontáneamente esta información. Se requiere una inteligencia; no puede producirse mediante sucesos fortuitos. La mezcla de letras no produce palabras.” Y añadió: “Por ejemplo, el complejísimo sistema replicativo del ADN, el ARN y las proteínas en la célula debe haber sido perfecto desde el mismo principio. De no haber sido así, no existirían organismos vivos. La única explicación lógica es que esta inmensa cantidad de información proceda de una inteligencia”.
El doctor Yan-Der Hsuuw es el director de investigación embrionaria de la Universidad Nacional de Ciencia y Tecnología de Pingtung, en Taiwán. También creía en la evolución, hasta que su investigación lo llevó a otra conclusión. Hablando de la división y la diferenciación de las células, comentó: “La célula que se forma debe ser la que se necesita y debe producirse en el orden específico y en el lugar indicado. Primero se agrupan para formar tejidos, que luego formarán órganos y extremidades. Ningún ingeniero sería capaz de escribir las instrucciones de un proceso tan complejo. Pero el desarrollo de un embrión está perfectamente detallado en el ADN. Cuando pienso en lo maravilloso que es este proceso, estoy seguro de que Dios diseñó y creó la vida”.
26 "Entonces Dios dijo: “Hagamos al ser humano a nuestra imagen y semejanza y que tenga autoridad sobre los peces del mar, los animales voladores de los cielos y los animales domésticos, sobre toda la tierra y sobre los animales que se arrastran sobre la tierra”. 27 Así que Dios pasó a crear al ser humano a su imagen. A la imagen de Dios lo creó. Hombre y mujer los creó. (...) 31 Después de eso, Dios vio todo lo que había hecho y, ¡mire!, todo era muy bueno. Y hubo tarde y hubo mañana. Ese fue el sexto día." -Génesis 1:26-31
¿En qué sentido fue hecho a la semejanza de Dios?
Habiendo sido hecho a la semejanza de su Magnífico Creador, Adán tenía los atributos divinos de amor, sabiduría, justicia y poder. En consecuencia, poseía un sentido de moralidad que implicaba una conciencia, algo completamente nuevo en el ámbito de la vida terrestre. Al estar hecho a la imagen de Dios, habría de administrar toda la Tierra y tener en sujeción a las criaturas terrestres y marinas, así como a las aves del cielo.
No era necesario que fuese una criatura espíritu, en su totalidad o en parte, para que poseyera las cualidades divinas. Jehová formó al hombre de los elementos del polvo del suelo y puso en él la fuerza de vida, de modo que llegó a ser alma viviente, dotado con la capacidad de reflejar la imagen y semejanza de su Creador. “El primer hombre procede de la tierra y es hecho de polvo.” “El primer hombre, Adán, llegó a ser alma viviente.” (Génesis 2:7; 1 Corintios 15:45, 47.) Esto sucedía en el año 4026 a. E.C., probablemente en el otoño, ya que los calendarios más antiguos comenzaban a contar el tiempo en esa época del año, alrededor del 1 de octubre, es decir, en la primera luna nueva del año civil lunar.
¿Qué dice la Ciencia?
En los últimos años, los científicos han profundizado sus conocimientos de la genética humana. Al comparar el material genético del ser humano de diferentes partes de la Tierra, han podido comprobar que la humanidad posee un antepasado común. Todo ser humano que ha vivido en el planeta, incluidos nosotros, ha recibido su ADN de la misma fuente. En 1988, la revista Newsweek presentó esos hallazgos en un artículo titulado “La búsqueda de Adán y Eva”. Esos estudios se basaron en un tipo de ADN mitocondrial, material genético que se transmite solo por medio de la madre. Otros informes publicados en 1995 sobre investigaciones del ADN masculino señalan a la misma conclusión: que “hubo un ‘Adán’ ancestral, cuyo material genético en el cromosoma [Y] es común a todos los hombres que viven hoy en la Tierra”, según lo expresó la revista Time. Sea que estos hallazgos sean exactos en todo detalle o no, ilustran que la historia que encontramos en Génesis, inspirada por Aquel que la protagonizó, es perfectamente creíble.
La creación física alcanzó su clímax cuando Dios juntó algunos elementos de la Tierra para formar a su primer hijo humano, a quien dio el nombre de Adán (Lucas 3:38). El relato histórico nos dice que el Creador del planeta y la vida que hay en él colocó al hombre que había hecho en un jardín “para que lo cultivara y lo cuidara” (Génesis 2:15). Es posible que en aquel tiempo el Creador aún estuviera produciendo nuevos géneros de animales. La Biblia dice: “Dios estaba formando del suelo toda bestia salvaje del campo y toda criatura voladora de los cielos, y empezó a traerlas al hombre para ver lo que llamaría a cada una; y lo que el hombre la llamaba, a cada alma viviente, ese era su nombre” (Génesis 2:19). La Biblia no da a entender de ningún modo que el primer hombre, Adán, fuera una simple figura mitológica. Por el contrario, fue un personaje real, un ser humano que pensaba y sentía, y que podía realizarse en aquel hogar paradisíaco. Todos los días aprendía algo más de la obra, las cualidades y la personalidad de su Creador. A menudo, los seres humanos se ayudan unos a otros, aunque para ello tengan que hacer sacrificios personales. Por eso, no es de extrañar que la bondad hacia los semejantes reciba el nombre de “humanidad”.
Esa disposición a ayudar, aunque implique echar a un lado los propios intereses, se ve en todas las razas y culturas. Este hecho contradice la teoría de que el hombre es el resultado de la evolución, es decir, de un proceso regido por la ley de la selva en el que sobreviven las especies más aptas. Así lo reconoció Francis S. Collins, genetista al que la administración estadounidense puso a cargo del equipo que trazó el mapa del genoma humano (ADN): “El altruismo presenta un grave desafío al evolucionista. [...] Es imposible entender que exista ese espíritu desinteresado partiendo de genes egoístas cuyo único afán es perpetuarse”. Y en otra ocasión comentó: “Algunas personas se sacrifican por otras, ajenas a su grupo, con las cuales nada tienen en común [...]. Al parecer, esto no puede explicarse con el modelo darwiniano”.
En esta misma línea, el astrónomo Owen Gingerich, profesor investigador de la Universidad de Harvard, escribió: “El altruismo bien pudiera plantear una pregunta que carece [...] de respuesta científica basada en la observación de los animales. Tal vez sea porque la explicación más convincente se encuentre en otro ámbito y se refiera a los dones divinos que nos distinguen como humanos, uno de los cuales es la conciencia”.
Les dejo aquí otros comentarios y refutaciones a la evolución.
Derek Prince dijo: “Yo soy lo suficiente ingenuo como para creer que sucedió de la manera como lo describe la Biblia. He sido profesor de la universidad más grande de Gran Bretaña [Cambridge] durante nueve años. Poseo varios títulos y distinciones académicas, y siento de muchas maneras que soy muy calificado intelectualmente, pero no me siento de ninguna manera intelectualmente inferior, cuando digo que creo en el relato bíblico de la creación. Antes de creer en la Biblia estudié muchas otras formas de explicar el origen del hombre y las encontré a todas insuficientes y en muchos casos llevaban implícita una contracción. Me dediqué a estudiar la Biblia como un filósofo profesional, no como un creyente, y me dije a mí mismo: ‘Por lo menos no puede ser más insensata que algunas de las otras cosas que he oído’, y para mi sorpresa, descubrí que tenía la respuesta”.
Michael Ruse, en su libro Darwin’s Theory: An Exercise in Science, dijo: “Un número creciente de científicos, muy especialmente un número cada vez mayor de los evolucionistas... argumentan que la teoría evolutiva de Darwin no es una teoría científica genuina en absoluto... Muchos de los críticos tienen los más altos méritos intelectuales”.
El
Dr. T.N. Tahmisian, de la Comisión de Energía Atómica, dijo: “Los científicos
que andan enseñando que la evolución es un hecho de la vida son unos grandes estafadores, y la historia que cuentan puede
ser el mayor engaño de todos”.
La religión de la evolución
La Biblia que nunca cambia, la teoría de la evolución que siempre cambia
La evolución y la edad del hombre
El problema de la sangre
“Si se me pidiera que, como geólogo, explicara brevemente nuestras ideas modernas del origen de la Tierra y el desarrollo de la vida en ella a un pueblo sencillo y pastoril como las tribus a las cuales se dirigió el libro de Génesis, difícilmente podría hacerlo mejor que siguiendo bastante de cerca gran parte del lenguaje del primer capítulo de Génesis”.
Literatura recomendada:
1.- La vida... ¿cómo se presento aquí? ¿por evolución, o por creación?
2.- El Caso del Creador - Lee Strobel
3.- EL PRINCIPIO SEGÚN EL GÉNESIS Y LA CIENCIA: Siete días que dividieron el mundo - John C. Lennox
4.- ¿Existe un Creador que se interese por nosotros?
5.- Fe Razonable: Apologética y Veracidad Cristiana - William Lane Craig
6.- The Kalam Cosmological Argument - William Lane Craig
7.- ¿Dios existe? El libro que todo creyente deberá (y todo ateo temerá) leer - Dante A. Urbina
"Encuentro más huellas de autenticidad en la Biblia que en la historia profana". - Sir Isaac Newton